Hay muchas formas de acariciarse, de sentir placer y cariño… Hoy les propongo un encuentro íntimo con nosotras mismas. Nuestra cultura ha sido muy castigadora y represora del autoplacer, a pesar de ser éste la base del autoconocimiento sexual, de nuestra propia respuesta sexual para tener relaciones sexuales sanas, libres y satisfactorias. Y especialmente se ha castigado y negado este derecho sexual a las mujeres, ¿qué sorpresa, no?
Tenemos en nuestra contra que nuestros genitales están protegidos y ocultos a simple vista, sin embargo, es un mecanismo natural de protección ante el ambiente físico que podría favorecer el contagio de infecciones. Por eso la educación de las niñas debe contemplar la autoexploración, tal y como lo hacen ellas mismas de forma natural cuando son bebés y que pronto censuramos las y los adultos.

Observo diferencias educativas de género en este aspecto continuamente, ya que esto no les pasa tanto a los varones. En primer lugar, porque su pene está totalmente visible, expuesto, disponible y además lo necesitan para orinar, con lo cual el niño, el adolescente y el hombre conocen mucho mejor sus genitales y su funcionamiento, lo que les da mayor seguridad personal para explorar su sexualidad. Y en segundo lugar, porque nuestra sociedad sigue siendo androcéntrica y todo lo que tiene que ver con el hombre, incluido su pene, es visible y muy valorado. ¿Por qué negar el placer y el derecho a ser dueñas de su cuerpo y de su sexualidad a la otra mitad de la humanidad?
Las niñas, las adolescentes y mujeres necesitamos un entorno que nos valore y nos anime a conocernos a nosotras mismas, también fisiológicamente. Que no etiquete nuestra sexualidad de oscura y sucia o nos tilde de promiscuas por querer tener el mismo derecho de reconocimiento a nuestro cuerpo, a nuestra sexualidad y al placer.
Por otra parte, no se trata de incitar a las relaciones sexuales con 12 años; no me entiendan mal. Se trata de incitar al conocimiento del cuerpo, porque sólo desde ahí nos sentiremos seguras, nos valoraremos y conoceremos, sabiendo lo que queremos y lo que no en nuestra sexualidad. Delegar la responsabilidad del placer a nuestra pareja es una irresponsabilidad que nos hace inmaduras y dependientes. He conocido mujeres así en mi consulta. Vienen porque “no les apetece nunca” o porque “no sienten nada” y mantener relaciones sexuales es un deber, sin más.
De la misma forma que aprendemos a caminar, a hablar, a vestirnos, a saber comportarnos socialmente y a gestionar nuestra menstruación (conocer el ciclo, la cantidad de sangrado, ponernos bien las compresas o tampones, medicación para calmar el dolor, etc…) las niñas, las adolescentes y las mujeres necesitamos conocer bien nuestro cuerpo y eso supone dedicarnos tiempo y autoexplorarnos. Por supuesto, todo de acuerdo a nuestra edad, posibilidades y desde la privacidad y el respeto. Es un acompañamiento que debe hacer la madre.

En los talleres de educación afectivo sexual que imparto para adolescentes y jóvenes, encuentro que a los 15 años los hombres conocen bastante bien la respuesta sexual de su cuerpo y conocen de maravilla a su pene, y al mismo tiempo, observo que las chicas de esas mismas edades apenas tienen conciencia de que tienen genitales; casi ninguna sabe qué hay “ahí debajo” y mucho menos cómo es su respuesta sexual.
La naturaleza nos hizo un regalo en el desarrollo evolutivo como especie. Nos dio un órgano con la única función de darnos placer: el clítoris o Punto C. Y es el único órgano que no conocemos, incluso hay quien lo desprecia, ¿cómo es posible?
El clítoris es el responsable de nuestros orgasmos y hoy sabemos que lo que llamamos el Punto G, es la parte interna de nuestro clítoris, pues es un entramado muy complejo de terminaciones nerviosas desarrolladas para activar el placer y producir el orgasmo. Un órgano que nos envuelve por dentro y por fuera de nuestros genitales para hacernos sentir el placer.
Nos obsesionamos de adultas por tener orgasmos, y al mismo tiempo, nos negamos (y negamos a la siguiente generación) el derecho a conocer el órgano físico que los produce. Por supuesto que el placer está en todo nuestro cuerpo y que el cerebro es el órgano sexual más importante, pero hoy concedámosle el lugar, el tiempo y la praxis que se merece a nuestro clítoris y a todo su entorno físico.
Acariciarnos a nosotras mismas es dedicarnos cariño, conocimiento y autoestima. Tal vez, lo primero que tengamos que hacer es, mientras nos duchamos o en el bidet, tener a mano un espejito y mirar y explorar con curiosidad infantil, es decir sin prejuicios, qué nos ha dado la naturaleza. Aderezado de lo que queramos; música, velas, aceites, juguetes…
La verdadera liberación sexual no está en hacer top-less en la playa, está en conocernos y en saber qué queremos en la cama y cómo obtenerlo. Es defender una sexualidad de mujer: sola o acompañada. Una sexualidad psicológica, emocional y física. Enriquecida y sin miedos, donde el objetivo no sea exclusivamente el coito, ni la reproducción, sino el placer y la comunicación íntima y compartida.
Y créanme, si se animan a conocerse, no les bastará con un minuto…
Felicidades Juani, maravilloso artículo. Y te felicito, más que por tu trabajo, por la huella que dejas.
Yo sabía que había obviado mis partes íntimas durante demasiado tiempo, incluso mucho después de perder mi virginidad; pero ignoraba que no estaba haciendo nada al respecto para que esto cambiase en futuras generaciones.
Si somos capaces de enseñar a un hombre a poner una lavadora para que nos ayude con las tareas domésticas… cómo no enseñarle a hacernos disfrutar con el sexo? No podemos porque la sociedad nos ha hecho unas expertas amas de casa pero unas incultas en la sexualidad!
Te animo a que sigas escribiendo más sobre ésto ya que aún nos queda mucho camino por recorrer y tus palabras nos empujan a seguirlo. Gracias.