Siempre es un día para mí especial el 1 de diciembre. Es el día para recordar que existe una enfermedad terrible pero evitable, que hunde nuestro sistema inmunológico de tal forma que nos vuelve vulnerables hasta llevarnos a la muerte: el VIH/SIDA. Los que me están leyendo ahora mismo pensarán “no, no, ya no se muere de SIDA; ahora es una enfermedad crónica”. Y es cierto. Aquí, en el primer mundo. Pero para la gran mayoría de la humanidad sigue siendo causa de muerte entre mujeres, adolescentes y niños de todos los continentes, (excepto Europa) y sobre todo en África, especialmente entre población heterosexual, también en el primer mundo. En 2012 murieron 1,2 millones de personas.
La medicación que requiere una persona portadora de este virus sólo se puede pagar en el primer mundo; sale más de 100€/día y la necesitan casi 26 millones de personas en todo el mundo. ¡¡Qué gran negocio para las farmacéuticas!! ¿Saben que desde finales de los años 90 compiten dos grandes laboratorios, uno europeo y otro norteamericano, por la fabricación de la vacuna? Sí, compiten…. No colaboran, porque no les interesa “repartir beneficios” sino quedarse con toda la tarta. Así que no existe aún una vacuna definitiva y para toda la humanidad, porque el negocio de su comercialización es más importante que las vidas humanas que se lleva este virus.
Yo trabajé como psicóloga hace años con drogodependientes y algunos de ellos eran VIH positivos. Murieron dos: uno no llegaba a los 21 años y el otro no llegaba a los 30. De este segundo chico me acuerdo más, porque ya en fase terminal, lo íbamos a ver al hospital. Recuerdo su cara demacrada, casi irreconocible, su extrema delgadez y su miedo en la mirada y cómo nos dijo “me estoy muriendo…” Mi compañero de trabajo le cogió la mano mientras compasivamente lo miraba y le dijo “sí, amigo, te estás muriendo…” Se hizo un silencio muy profundo y triste que lo llenaba todo porque no había ya nada que decir. Él había arreglado sus cosas de este mundo; habló con su familia, se despidió de algunas personas… y al día siguiente, murió.
La heroína lo hizo drogodependiente y compartir las jeringuillas lo infectó de VIH. Y así se fue una vida. Una, de entre los 36 millones que se ha llevado esta enfermedad en el mundo.
El SIDA es una enfermedad que se puede prevenir. Usando el preservativo en las relaciones sexuales (hetero u homosexuales), no compartiendo jeringuillas ni utilizando drogas por vía intravenosa. Y también debemos hacernos la prueba de detección si hemos tenido alguna práctica de riesgo. Es una analítica de sangre, sólo hay que pedir la prueba específicamente a nuestro facultativo de referencia. Nos ahorraríamos muchos disgustos y contagiar a otras personas.
La educación y la prevención sociosanitaria en general, y en lo afectivo-sexual en particular, siguen siendo la gran vacuna contra el VIH/SIDA; aquí y en el África Subsahariano. Respetar nuestro cuerpo y el de las otras personas significa protegernos y cuidarnos. Sanidad y educación. Vuelvo siempre a lo mismo.
Hoy miro al cielo y pienso en los que ya no están y aprieto mi lazo rojo en la solapa de mi jersey para recordarlos y para recordarme a mí misma que hay que seguir educando para ser persona y relacionarse, y para que no se nos contagie nadie más del VIH/SIDA.



