La distancia social sanitaria

Últimamente hablamos mucho de la dificultad de volver a estar y tocar a los demás por la distancia social. Algo que no nos preocupaba para nada hace tan sólo cuatro meses atrás. En ese pasado, reciente y lejano a la vez. Nos quejábamos y nos preocupaba mucho más el hecho de que íbamos hacia unas relaciones interpersonales virtuales. Relaciones superficiales, fáciles de quitar y poner: de bloquear o añadir. Donde la palabra amistad sonaba hueca y desprovista de su contenido; de años de trabajo relacional, lleno de experiencias compartidas y de largas conversaciones. Nos preocupaban los lenguajes pobres, emoticonizados, breves y llenos de malos entendidos, que estaban haciendo tanto daño. Había personas que rompían relaciones otras que desprestigiaban, mentían y ofendían por redes sociales. Personas que apenas se habían visto, oído o tocado de verdad.

Hasta hace unos meses nos preocupaba más la pobreza de las relaciones virtuales que cultivar las reales

Y de pronto, nos prohibieron acercarnos a los demás y apoyados por el machaque de los medios de comunicación y las redes sociales, ahora parece que se nos va la vida por no poder abrazarnos. Cuando realmente la vida se nos puede ir si lo hacemos imprudentemente.

Por su parte, la comunicación verbal, implica lo que decimos y cómo lo decimos. Saber elegir las palabras socialmente adecuadas, en el momento adecuado y con la entonación conveniente. Para comunicarnos y relacionarnos bien necesitamos a las dos: a la comunicación verbal y a la no verbal.

La comunicación humana es rica y compleja. Tiene una parte esencial, sencilla y  universal que llamamos comunicación no verbal y que nos permite comunicarnos aunque no compartamos el mismo idioma. Está compuesta por la distancia social, la expresión del rostro y la gesticulación de las manos así como de la colocación de las piernas y  el resto del cuerpo.

La mirada es uno de los grandes elementos de la comunicación no verbal

Para estar con las demás personas no solo necesitamos una cierta distancia o acercamiento social, necesitamos todo lo anteriormente señalado. Siendo importante y a pesar de la limitación actual (de 1,5/2 metros) podemos tener conversaciones cercanas, de confianza, cálidas y fortalecer nuestras relaciones, si somos capaces de quitarle importancia. De hecho, tenemos diferentes medidas de distancia o acercamiento interpersonal, según la relación, la confianza, el estatus que tenemos con la otra persona (de igual a igual o jerárquico), el contexto social donde se da dicha relación y el contenido en sí de la conversación.

Por ejemplo, no es lo mismo estar cenando a solas con tu pareja, hablando de tener o no descendencia, que nos lo pregunte en una comida familiar, un pariente político sentado en la otra punta de una mesa de 10 personas. Cuando estamos con nuestra pareja podemos mostrarnos más cariñosos o disgustados, hablar con libertad de temas íntimos, etc. Con los suegros, no.

Tampoco es la misma distancia social la que tenemos según el contexto  y la sociedad en la que estamos. Algunos ejemplos de contextos sociales: estar en casa, estar en una fiesta, estar examinándonos de forma oral en una oposición, estar en un oficio religioso católico, musulmán o protestante (con un coro góspel, por ejemplo). Tampoco es lo mismo estar declarando en un juicio o que nos paren mientras conducimos para hacernos un control de alcoholemia. Y no es lo mismo que  ocurra en una sociedad o cultura como la nuestra más cercana y con mayor contacto físico que en los países nórdicos, Japón, India o en una tribu amazónica.

Cada uno de estos contextos culturales y sociales nos obliga a aprender las normas de comportamiento y distancia social: que sepamos a quién nos podemos acercar más o menos, qué tono de voz es el adecuado, qué vocabulario, si toca o no decir ciertos comentarios o hacer ciertos gestos. Es decir, la distancia social es un concepto psicosocial, cultural, temporal, interpersonal, variable y flexible. Es además un elemento propio de la inteligencia social; que se expresa en tener y manejar adecuadamente un amplio repertorio de las habilidades sociales y comunicativas.

Por tanto, de lo que estamos hablando como consecuencia de esta pandemia de la COVID-19, no es de lo que se entiende psicológica y socialmente por distancia social por lo que modestamente,  propongo renombrarla para ayudar a la mentalización de la población como Distancia Social Sanitaria (DSS), pues es algo concreto que estamos viviendo por la situación de peligro sanitario. Que no obedece a un criterio cultural ni interpersonal, sino científico y sanitario (esperemos que temporal) y donde se fija una distancia física concreta para todo el mundo. Al añadir el término sanitaria, creo que queda más claro su objetivo social y recuerda su sentido estrictamente sanitario y preventivo, para evitar el contagio de la COVI-19 cuando interaccionamos con personas con las que no convivimos.

La distancia social sanitaria es la forma «amable» de una cuarentena. Nos permite hacer una vida casi normal sin tener que confinarnos y reduciendo las posibilidades de contagio de la COVID-19 de una persona a otra.

Tenemos que educar a través de los medios de comunicación para que el encaje psicológico, individual y colectivo sea desde el conocimiento, la sensatez, la solidaridad, la salud y el respeto a los demás. La evidencia es que podemos relacionarnos con los demás porque se mantienen los otros parámetros fundamentales de la comunicación humana: mirar a los ojos, sonreír, hablar, escuchar, estar presentes, conectar, compartir momentos y vivencias.

Durante el confinamiento echábamos de menos no sólo abrazar, sino el estar en la misma habitación que nuestros seres queridos. Y sin embargo, nos adaptamos y nos comunicamos por videollamada: celebramos cumpleaños, tomamos un café con nuestras amistades, bailamos, hicimos deporte o jugamos al parchís (por no decir que también hubo quien practicó sexo).

La flexibilidad y la adaptación son características fundamentales de la inteligencia social, la inteligencia de la supervivencia humana. Comprender la realidad y ser capaces de resolver las dificultades y retos para seguir con vida y disfrutarla, juntos.

Claro que echo de menos no poder abrazarme con toda la gente que quiero. Pero estaría triste, preocupada e incluso enfadada, y con una culpa inmensa, si por no respetar las indicaciones sanitarias de la Distancia Social Sanitaria y la mascarilla, enfermara o enfermaran otras personas o mis seres queridos. Es un pequeño esfuerzo a cambio de un gran beneficio y creo que no hay que darle más vueltas.

Una pequeña incomodidad como la mascarilla nos está facilitando la vida, la salud y el trabajo, ¿no creen que vale la pena antes que volver a un confinamiento?

Hablar de la distancia social sanitaria y sus limitaciones comienza a sonarme a queja infantil. Claro que no es agradable ni lo deseable, pero nos ha permitido avanzar, sobrevivir. Así que creo que hay que dejar de lamentarse tanto y valorar y agradecer a la ciencia, a la investigación y a los profesionales de la Salud por su buen hacer y su conocimiento, que es lo que nos ha permitido sobrevivir a muchos, (sé que no están todos y lo siento profundamente), en este incierto y largo momento que envuelve a toda la Humanidad. Así que Gracias y sigamos viviendo y cuidándonos.