Febrero será un mes en el que hablaré y trabajaré mucho la adolescencia y la inteligencia emocional. La adolescencia es un periodo de la vida interesantísimo, incierto, imprevisible y absolutamente necesario de vivir y cerrar bien para llegar a la vida adulta. El cerebro sigue conformándose, las hormonas adquieren un papel muy importante, los iguales son esenciales, se consolida el pensamiento abstracto y la capacidad de deducir; se duda de todo; se desea sexual y conscientemente por primera vez; las emociones están a flor de piel; el sentido de la vida hace acto de presencia; la autoimagen y la autoestima son frágiles; los mass media dictan valores, roles y estereotipos que muchas veces se siguen a “pie juntillas”; los padres resultan ídolos de barro en la mayoría de los casos…. Es el cambio del cambio.

Todas y todos fuimos adolescentes y recordamos muchos momentos intensamente emocionales de aquella etapa de la vida en la que nos mudamos a vivir al “Planeta Adolescencia” y del que casi todas y todos, regresamos.
Recordar lo que vivimos y fuimos nos tiene que ayudar a comprender y acompañar a los que son adolescentes hoy, y sobre todo, nos tiene que ayudar para favorecer que maduren y sean independientes (física, emocional y socialmente), no infantilizarlos y hacerlos mamapapadependientes . Así no se consigue el objetivo primordial de cuando vinieron al mundo y que cualquier madre o padre sensato desea para sus criaturas; que sean felices y buenas personas.
Parafraseando a Tagore, «tus hijos e hijas no son tuyos; son los hijos e hijas de la vida. Prepáralos para que sean capaces de vivirla con alegría, en libertad y con responsabilidad»
