Tómate un minuto para agradecer lo vivido. Dtra. Juani Mesa Expósito
Esta es la última semana del año. Es una semana especial. Es tiempo de hacer recuento de lo vivido, lo soñado, lo cumplido. Para mí es tiempo de agradecer por seguir viva; por seguir amando y sentirme amada, por la salud física y la emocional, por los viajes realizados y las nuevas amistades encontradas. Y más que tomarme un minuto, me voy a tomar todo un día. Me iré a la playa a pasear y daré las gracias a este hermoso planeta y luego, al volver a casa, celebraré con la gente querida la salud y la alegría compartida en este ya extinto 2013.¡Gracias! ¡Ha sido un año genial!
Si hubiera que definir este libro por un solo adjetivo, este sería “práctico”. Está pensado para orientar a profesionales que se propongan ayudar a padres y madres de familias preocupados por ser cada día más competentes, es decir, más capaces de enseñar a sus hijos a pensar, a conocer y controlar sus emociones y a respetar los valores morales.
Este libro es una versión aplicada del Enseñar a convivir no es tan difícil (Editorial Desclée De Brouwer, 12ª ed.), que ofrece materiales para cuatro talleres, de diez horas cada uno. Pero no es necesario hacer los cuatro: cada uno puede seguir o puede dejarlo cuando quiera. Las actividades, propuestas para ser trabajadas en grupo, son divertidas y muy participativas.
Los grupos de padres pueden organizarse en centros docentes, públicos y privados, o a través de servicios sociales, parroquiales y otros. Las reuniones se convierten con frecuencia en un espacio de encuentro, intercambio y formación, como lo ha demostrado la experiencia de varios años en los que se ha aplicado este mismo programa.
El presente libro es un regalo, un instrumento útil y fácil de usar para quienes colaboran con los padres en la hermosa tarea de educar a sus hijos.
Manuel Segura Morales es Doctor en Ciencias de la Educación y ha sido muchos años profesor en la Universidad de La Laguna. En ese tiempo compatibilizó la enseñanza con el trato con jóvenes delincuentes y problemáticos y sus educadores. Actualmente, ya jubilado, imparte cursos de convivencia y habilidades sociales al profesorado de Educación Infantil, Primaria y Secundaria por toda España.
Juani Mesa Expósito es Psicóloga Educativa, Doctora en Psicología Evolutiva y de la Educación y Sexóloga. En colaboración con Manuel Segura imparte cursos al profesorado no universitario por toda España. Además, trabaja en la formación y asesoramiento de familias interesadas en educar cada vez mejor a sus hijos.
Cualquier época del año es buena para tener buenos deseos. Aquí van los míos. Además quiero agradecerles a todas y a todos los ratitos compartidos a lo largo de este 2013, ya fueran de forma real o virtual. Un beso!
Es casi inevitable que regalemos algo a alguien en estas fiestas, por pequeña que sea nuestra economía. Yo procuro comprar algo que sé que de verdad quiere la persona en cuestión o que le es útil. Tengo en cuenta sus gustos y preferencias, y luego, cuando salgo a la calle procurando tener in mente tres cosas: una, ¿puedo hacer el regalo yo misma? Si es algo que sé hacer, es mi primera opción. Dos, potenciar el comercio de mi barrio, de mi pueblo, de mi gente, del día a día para que el dinero se quede aquí y no vaya a multinacionales, y tres: que sea respetuoso con el medioambiente y con quien/qué ha producido ese objeto.
Comercio justo, responsable, sensato… no compulsivo, no por compromiso, no por aparentar. Las relaciones en estas fiestas no se deberían medir por lo que regalamos, sino por lo que compartimos con las personas, ahora y cada día del año.
Confieso que no siempre lo consigo, pero me lo pienso más de un minuto y lo intento. Lo mismo hago con los regalos de los peques, ¡en la medida que puedo! Sin olvidar que lo que los niños y niñas quieren es, sobre todo, jugar. Compartir tiempo con ellos y ellas; reír, saltar, contar historias… Regalarles nuestro tiempo es lo más valioso, lo material, el día 7 de enero, casi que no lo recordamos después, pero el cariño, las risas, unos cantes, pasear por la nieve o por la playa… eso sí lo recordaremos durante mucho tiempo. ¡Pongámonos a ello!
Siempre es un día para mí especial el 1 de diciembre. Es el día para recordar que existe una enfermedad terrible pero evitable, que hunde nuestro sistema inmunológico de tal forma que nos vuelve vulnerables hasta llevarnos a la muerte: el VIH/SIDA. Los que me están leyendo ahora mismo pensarán “no, no, ya no se muere de SIDA; ahora es una enfermedad crónica”. Y es cierto. Aquí, en el primer mundo. Pero para la gran mayoría de la humanidad sigue siendo causa de muerte entre mujeres, adolescentes y niños de todos los continentes, (excepto Europa) y sobre todo en África, especialmente entre población heterosexual, también en el primer mundo. En 2012 murieron 1,2 millones de personas.
La medicación que requiere una persona portadora de este virus sólo se puede pagar en el primer mundo; sale más de 100€/día y la necesitan casi 26 millones de personas en todo el mundo. ¡¡Qué gran negocio para las farmacéuticas!! ¿Saben que desde finales de los años 90 compiten dos grandes laboratorios, uno europeo y otro norteamericano, por la fabricación de la vacuna? Sí, compiten…. No colaboran, porque no les interesa “repartir beneficios” sino quedarse con toda la tarta. Así que no existe aún una vacuna definitiva y para toda la humanidad, porque el negocio de su comercialización es más importante que las vidas humanas que se lleva este virus.
Yo trabajé como psicóloga hace años con drogodependientes y algunos de ellos eran VIH positivos. Murieron dos: uno no llegaba a los 21 años y el otro no llegaba a los 30. De este segundo chico me acuerdo más, porque ya en fase terminal, lo íbamos a ver al hospital. Recuerdo su cara demacrada, casi irreconocible, su extrema delgadez y su miedo en la mirada y cómo nos dijo “me estoy muriendo…” Mi compañero de trabajo le cogió la mano mientras compasivamente lo miraba y le dijo “sí, amigo, te estás muriendo…” Se hizo un silencio muy profundo y triste que lo llenaba todo porque no había ya nada que decir. Él había arreglado sus cosas de este mundo; habló con su familia, se despidió de algunas personas… y al día siguiente, murió.
La heroína lo hizo drogodependiente y compartir las jeringuillas lo infectó de VIH. Y así se fue una vida. Una, de entre los 36 millones que se ha llevado esta enfermedad en el mundo.
El SIDA es una enfermedad que se puede prevenir. Usando el preservativo en las relaciones sexuales (hetero u homosexuales), no compartiendo jeringuillas ni utilizando drogas por vía intravenosa. Y también debemos hacernos la prueba de detección si hemos tenido alguna práctica de riesgo. Es una analítica de sangre, sólo hay que pedir la prueba específicamente a nuestro facultativo de referencia. Nos ahorraríamos muchos disgustos y contagiar a otras personas.
La educación y la prevención sociosanitaria en general, y en lo afectivo-sexual en particular, siguen siendola gran vacuna contra el VIH/SIDA; aquí y en el África Subsahariano. Respetar nuestro cuerpo y el de las otras personas significa protegernos y cuidarnos. Sanidad y educación. Vuelvo siempre a lo mismo.
Hoy miro al cielo y pienso en los que ya no están y aprieto mi lazo rojo en la solapa de mi jersey para recordarlos y para recordarme a mí misma que hay que seguir educando para ser persona y relacionarse, y para que no se nos contagie nadie más del VIH/SIDA.
Marina Golbahari (1989, Kabul, Afganistán). Actriz protagonista de «Osama» (2003), de Siddiq Barmak.
¿Saben lo que es un Bacha Posh? Son niñas afganas vestidas de niños para poder ir a la escuela, ayudar a hacer la compra en el mercado, poder realizar un deporte o echar una mano en el negocio familiar. Cuando en las familias afganas no nacen hijos varones, agobiados por el propio aislamiento al que se somete a las niñas y a las mujeres, los padres deciden “disfrazar” con ropas y corte de pelo de varón y desde muy pequeñas a una de ellas, normalmente a la hija mayor. Es una “figura” reconocida en la sociedad afgana que permiten mirando para otro lado, hasta que llegan a la adolescencia (sobre los 16 años aproximadamente). En ese momento, tanto la familia como la sociedad decide que ya no deben seguir haciendo de varones ni disfrutando de formación y libertad de movimientos y las presionan para que vuelvan a vestirse y comportarse como mujeres: volver al hogar, preparar para casarse y tener hijos, para volver a la invisibilidad y a la desesperanza de la des-realización personal más absoluta. A ellas nadie les pregunta y si lo hacen, apenas las apoyan. Algunas consiguen trabajos y las más afortunadas, escapan del país…
Vi los reportajes en La Noche Temática de La 2, del sábado día 16 de noviembre, en su horario habitual e intempestivo de las 12 de la noche, pero me impresionaron muchísimo y los busqué para descargarlos de la página de la cadena televisiva. Creo que son de imperativo moral verlos, difundirlo en las aulas, comentarlos en casa, con las hijas e hijos, con toda la familia, con las amistades… [http://www.rtve.es/alacarta/videos/la-noche-tematica/noche-tematica-hija-tu-seras-nino/2148367/]
Se me revuelve el alma y el estómago al saber que esto está pasando hoy mismo, en la infancia, con las niñas y en pleno siglo XXI. ¿En nombre de la religión?, ¿en nombre del patriarcado más absolutista? No me cabe ni en la cabeza ni en el corazón…
No obstante, mirando hacia nuestro pasado más reciente, he recordado cómo en la dictadura, las mujeres y las niñas en este país estábamos limitadas casi tanto como las afganas de hoy en día; no podíamos viajar sin el consentimiento de un padre o un marido, apenas accedíamos a una formación completa y universitaria, no podíamos votar, divorciarnos, pensar, ni decidir libremente… Y muchas mujeres de la generación de mi madre hicieron el servicio civil de la buena y perfecta esposa en la Sección Femenina; estar guapas, ser cocineras estupendas, cuidadoras y madres perfectas, sin necesidades, ni sueños, ni autorrealización propia más allá de la “familia”…. Parece que fue hace un millón de años, pero apenas llega a los 50 años…
Hoy temo por el retroceso en ciertas conquistas sociales, personales y de derechos humanos que las mujeres hemos alcanzado en este país y en el mundo occidental. Sobre todo cuando observo la relación afectivo-sexual que mantienen muchas adolescentes; relaciones de sumisión, que están acabando en denuncias por malostratos en chicas de 16 años que llegan a los servicios sociales. Los modelos de relación y de autorrealización que las películas, las series de televisión e incluso los video-juegos les ofrecen; transmitiendo valores de cuidadoras resignadas, secundarias e inseguras, pero capaces de cambiar al otro gracias a “su amor sin fin”…. Se me revuelve el alma y el estómago, otra vez.
Queda mucho por hacer por la infancia y especialmente por las niñas de este planeta. Empecemos por visibilizarlas; viendo documentales hechos aquí y fuera de nuestras fronteras, enseñemos a valorar y mantener lo conseguido, para poder seguir avanzando. Ayudemos a nuestros compañeros (padres, hermanos y parejas) a que también lo vean, lo defiendan y lo eduquen. Eduquemos con nuestro ejemplo de coherencia como mujeres, como hombres, como trabajadoras y trabajadores…Eduquemos para ser y hacer personas, tanto a las niñas como a los niños; personas capaces de vivir su propia vida desde la responsabilidad, el respeto, el compromiso, la libertad, la dignidad y la igualdad.
Que no se diga nunca más a ninguna mujer, ni a ninguna niña, lo que en la película El Color Púrpura, de Spielberg, le dice un hombre al personaje interpretado por Whoopi Goldberg: «Eres fea, negra, pobre y encima, mujer”.
(Osama, -traducida como «Niña coraje»-, cuenta la historia real de una joven obligada a «disfrazarse» como un niño. Puedes ver la película completa en http://www.youtube.com/watch?v=QYWEuxqntgU)
Repasando mis apuntes sobre el libro ENSEÑARA A LOS HIJOS A CONVIVIR, encontré una de las dinámicas que hago con las familias en la que recordamos algunas cosas que hace 30 años, cuando éramos niñas y niños, se nos decía de vez en cuando. Me hizo gracia recordarla y aquí les pongo algunas.
Mi madre me enseñó RELIGIÓN: “reza para que esta mancha salga de la alfombra…”
Mi madre me enseñó PREVISIÓN: “Asegúrate de que llevas ropa interior limpia, por si tienes una accidente…”
Mi madre me enseñó OSMOSIS: “¡cierra la boca y come!”
Mi madre me enseñó VENTRILOQUIA: “No me rezongues, cierra la boca y contéstame: ¿por qué lo hiciste?”