Tenemos en la familia a un nuevo miembro, una nueva sobrina que nació hace 7 días. La llegada al mundo de un ser humano siempre es algo extraordinario. Esta es una niña muy deseada, (como debería ser para todas las criaturas que vienen a este mundo). Ha costado engendrarla y ha costado que naciera. Se ve que metida allí, en el seno materno, en esa especie de planeta-spa en el que no se necesita nada porque se tiene todo, estaba tan a gustito que tuvieron que “obligarla a salir”; llevaba 15 días fuera de cuentas y ha tardado 35 horas en nacer…¡¡ pobre madre!! Sin embargo, una vez nacida, acabó todo el dolor de su madre y todo fue alegría y amor. ¡Qué bienvenida más bonita para empezar a andar en este mundo!

Amor de su madre, de su padre y de toda la familia. Este es nuestro primer gran amor; el apego. Ese vínculo inmediato e incondicional que se produce entre la madre y el bebé (y que después se extenderá a otras figuras afectivas de referencia) que nos está diciendo “te quiero tal y como eres”, “eres perfecta”, “eres lo mejor de mi vida”. En el apego hay pocas palabras y muchos gestos, besos, abrazos, carantoñas… Es un amor desde la comunicación no-verbal y poco a poco se irá incorporando la comunicación verbal. En este amor ya hay un deseo previo, unos objetivos educativos, unas metas para esa personita que es común en la mayoría de madres y padres; que venga sana, que sea feliz y buena persona. Los grandes valores universales que todo el mundo quiere para sus hijas e hijos: Salud, Felicidad, Bondad. Ese es el faro que nos debería alumbrar a lo largo de toda la vida al educar a otro ser humano.
Este faro se alimenta del apego y nos ayudará a sembrar las bases de su personalidad y de su autoestima. Nos ayudará a desarrollar todos sus potenciales y así le daremos los cimientos fundamentales para su desarrollo posterior, porque en la primera infancia aprendemos todo lo verdaderamente importante; a andar, a hablar, a pensar, a sentir, a amar y a ser amados.
Hasta una disciplina tan alejada de la Psicología Evolutiva como es la Criminología afirma que lo que hagamos con un ser humano desde el nacimiento hasta los 6 años marca rumbo de lo que será esa personita en el futuro. Los factores protectores de desajuste personal, emocional y social, se establecen a estas edades, gracias al aprendizaje y a la educación que les den sus figuras afectivas de referencia y su entorno social (incluida la escuela, las amistades, la televisión y todas las nuevas tecnologías). Qué responsabilidad tan grande, verdad? Pero es cierto, y por eso es tan grande encargarse de educar a un niño o a una niña. Y por eso hay que prepararse.

Me imagino cómo será el mundo en el que crecerá mi nueva sobrina y quisiera que fuera el mejor posible. Que ya no hubiera crisis económica; que pudiera estudiar en una gran escuela pública que cubriera desde los 0 hasta los 16 años; que le estimularan todas tus inteligencias (hoy sabemos que hay 8, pero en la escuela a penas se trabajan 2), que le diéramos una sólida educación en valores, siguiendo esa guía de Salud, Felicidad y Bondad e incorporando otros como la Justicia, la Igualdad, la Dignidad, el Respeto, el Compromiso, la Responsabilidad, la Ecología, la Solidaridad, la Sinceridad, la Coherencia Personal, la Honestidad etc…
Que se educara en una sociedad (empezando por nuestra familia) que tuviera muy presente y actuara de forma coherente con la perspectiva de género y donde no se discriminara a ninguna niña ni a ningún niño. Una niña que de adulta sólo supiera que la violencia de género fue algo del pasado y que ya está erradicado del planeta.
Me gustaría que llegara a la vida adulta y hubiera tantas mujeres en puestos relevantes que ya no fuera motivo de comentario, ni hubiera que cubrir unos “cupos”. Que gobernara este país una mujer, no por ser sólo mujer sino sobre todo por ser la mejor preparada, con el mejor programa electoral, carismática y rodeada de un equipo de personas igual de comprometidas y preparadas que ella. Me gustaría que hubiera tantas investigadoras importantes que sólo se hablara de sus aportaciones a la ciencia y a la sociedad y no de si son mujeres o si ganan menos que otros colegas varones.
Me gustaría legarle un mundo donde no hubieran matrimonios concertados, ni violaciones, ni explotación, ni abortos selectivos por ser niña (como pasa en China) ni trata de seres humanos, ni ninguna forma de esclavitud… Un mundo justo y en equilibro entre naturaleza y recursos para vivir.
Me gustaría que se encontrara un mundo más solidario y justo; donde no hubiera pobreza, ni hambre, ni guerras, y la esperanza de vida y de calidad de vida llegara a los 100 años para todos sus habitantes. Donde las mujeres y los hombres caminaran juntos, unas al lado de los otros; desde el respeto, el cariño, la empatía, la asertividad, la libertad, la responsabilidad y el compromiso.
¿… Pido demasiado?

Si la fuerza del amor de este primer gran momento de la vida se mantuviera así de fuerte, de vivo e ilusionante, y además nos uniéramos con otras personas que tengan una forma de pensar y actuar similar a la nuestra, tal vez no sería una utopía.
Miro a mi sobrina y se me llena el corazón de ternura… es tan pequeñita, tan frágil y al mismo tiempo ya tiene todo lo que necesita para ser un gran ser humano. Me maravilla cómo su cerebro está aprendiendo en cada parpadeo, en cada bocanada de aire, en cada gesto que hace para orientarse y seguir la voz de su madre; es el más potente y perfecto de todos los ordenadores del mundo.
De momento tiene lo más importante; unos padres maravillosos, que aprenden a ser madre y padre con cada mirada de ella, con cada movimiento de su pequeño y perfecto cuerpito. Y así las hijas y los hijos empiezan a enseñar a sus madres y padres…también.
Tal vez no consigamos que el mundo tenga todo lo que le he pedido a “Los Reyes Magos”, pero estoy segura que en la media de nuestras posibilidades iremos luchando para que sea algo mejor. De tal forma que el mundo de hoy no será igual al que ella se encontrará de adulta. Espero que le dejemos lo mejor de nosotras y de nosotros mismos; nuestro cariño y nuestros valores. Lo suficiente para que la vida continúe en ella y sin nosotros. Con una mochila llena de potentes herramientas personales para afrontar lo que la vida le reserva sólo para ella y con la seguridad personal de que se merece ser feliz, amar y ser amada.


