
Dra. Juani Mesa Expósito
Ya sé que el Día del Padre pasó, pero a pesar de que en este mundo virtual todo es en el momento y la vez efímero y fútil, quiero dedicar esta semana para al menos durante un minuto, pensar en nuestro padre y si aún lo tenemos a mano… darle un fuerte abrazo! También puede ser un abrazo simbólico, porque ya no está entre nosotros, o porque tenemos una mala relación desde hace años que no podemos resolver. No importa. Podemos hacerlo con el corazón. Ayuda a continuar adelante.
No es fácil ser padre. Tampoco ser madre. Cada día veo a hombres y mujeres que lo intentan con todo su cariño y fuerza de voluntad. Porque hay que tener voluntad, tiempo y energía vital para educar a una niña o a un niño (¡¡no digamos a varios!!)
Estos nuevos tiempos, a veces tristes, “crísicos” y desesperanzados, traen nuevos retos, nuevos desafíos y producen a la vez nuevas formas de educar, de criar y ser familia. Me parece importante destacarlo.
Veo a hombres asumiendo el rol de principal educador en su familia, pues la mujer es la que tiene los horarios más largos, el trabajo más rentable, o simplemente, el único trabajo. Padres que se enfrentan a lo que “tradicionalmente” han hecho las madres. Y lo hacen desde el cariño y desde el reajuste de rol que eso supone. Algunos más desorientados que otros. Pero firmes. Casi nunca tienen referentes en otros hombres aunque sí en sus parejas, o el recuerdo del rol de sus propias madres.
Seguramente no ha surgido este cambio de roles por un sentido consciente de vivir en pareja la igualdad en la crianza, sino más bien por necesidad, pero sea como sea, creo que está siendo enriquecedor para todos. Para los hijos y las hijas.
Para los hijos, porque sus padres les están ofreciendo un rol normalizado de cuidador que heredarán los que hoy son niños y adolescentes. Creo que serán la primera generación de varones educados por varones (también en las parejas homosexuales, por supuesto) y eso les ayudará a construir un rol de género más integrador, versátil y rico que el tradicional. Donde el hombre puede ser fuerte, seguro y con autoridad y a la vez comprensivo, empático y cuidador… Hacer las faenas de la casa ya no se interpretará como un elemento de “desviación” en la orientación sexual, como erróneamente creía mi pobre padre. Si mi hermano limpiaba el baño o fregaba la loza, se ponía de los nervios… “a ver si te va a salir raro el muchacho” le decía a mi madre…
Los hombres pueden y deben educar, criar, amar y trabajar dentro y fuera de casa, ya sea en parejas heterosexuales u homosexuales. Esta creencia absurda, pero tan extendida desaparecerá con la generación del 36, la de mi padre.
A nuestros niños y niñas de hoy que se están criando con varones o con mujeres, les vendrá de maravilla para romper límites sociales caducos. Y cuando sean adultos asumirán indistintamente funciones dentro y fuera de su pareja o familia, gracias a que habrán tenido un modelo diferente de padre y de madre.
Para las hijas también tendrá buenos efectos. Ver con naturalidad y justicia que encargarse de la casa, de los hijos, etc… es de quién tenga más disponibilidad, sea el hombre o la mujer, será bueno para ellas. Crecerán con una idea de igualdad desde la experiencia familiar y el modelo de su padre y de su madre (o de quien haya hecho esa función), donde los roles se intercambian según las circunstancias de la vida, la edad de las hijas e hijos y las necesidades familiares y las habilidades de los adultos. En el futuro, las chicas en la vida adulta y en lo afectivo, seguramente buscarán (si son heterosexuales) varones que tengan integrado como normal realizar las tareas de la casa o el cuidado de las criaturas. Buscaran a un compañero con quien formar equipo, sin perder el tiempo en miedos a “el qué dirán” ni a que él se sienta inferior porque no trabaja o porque es el que se encarga de la casa. Serán más flexibles y lo reivindicaran en sus relaciones como algo natural, sensato: de justicia.
También a ellas les vendrá bien ver que son sus madres las que más ocupan el espacio público (tradicionalmente reservado a los varones), sin mirar por encima del hombro a su compañero (o compañera) ni menospreciarlo, sino sintiendo que hay que hacer dentro y fuera de casa, cada uno unas funciones indispensables para que la familia funcione; para convivir, querernos y relacionarnos bien.
Especialmente enriquecedor será para las niñas de una pareja de mujeres, pues tanto el espacio público como el privado será gestionado por mujeres y eso ayudará a que generalicen aún con más naturalidad que las mujeres pueden y tiene derecho a elegir dónde estar y que son capaces de cumplir roles profesionales y familiares indistintamente. Y lo mismo ocurrirá con los varones criados sólo por mujeres.
Gracias (y a pesar de) este momento socio-económico, chicas y chicos van a crecer conviviendo con sus madres y padres y viendo que los papeles son intercambiables y que no corresponden al hecho de haber nacido mujeres o varones. No les condicionará para ser la persona que quieran ser.
Así que hoy pido un abrazo y un GRACIAS, para todos los buenos y valientes nuevos padres. También para sus parejas.
Creo que una parte de la desigualdad más machista y frustrante que hemos padecido, desaparecerá gracias a esta nueva generación de padres (y madres). Nuestras nietas y nietos tendrán roles más equitativos y sin prejuicios. Serán más libres y justos en sus relaciones personales y familiares y, como dijo Mandela, “Siempre es imposible, hasta que se hace” , y ya lo estamos haciendo.