Los mejores recuerdos de mi bachillerato, intelectualmente hablando, están relacionados con el disfrute que sentí estudiando Literatura, Historia del Mundo y Contemporánea, Historia del Arte, Música y desde luego, Filosofía. Estas asignaturas englobadas bajo el término Humanidades y que ahora quieren eliminar del curriculum, me abrieron el apetito por saber y pensar más. Encontrarle un sentido ético y estético a lo que me rodeaba y a buscarle sentido a mi vida. Dar una respuesta a esa gran pregunta de la adolescencia y de la vida; quién soy y qué quiero hacer con mi vida.
Las Humanidades me ayudaron a expresar y comprender los sentimientos recién estrenados en mi adolescencia: la atracción y el placer, el amor y el desamor, la ilusión y la desilusión, la soledad y la compañía, la alegría y la tristeza, el miedo y la rabia, la pasión y el sin sentido, la utopía y la revolución y, cómo no, el compromiso social.
También fueron el salvavidas que me ayudaron a tirar de mí misma, pues ya sabemos que en la adolescencia nos mudamos al Planeta A (=Adolescencia) donde no hay adultos, pero sí pueden llegar sus legados… Yo me llevé a la Generación del 98, a mí querida Gloria Fuertes, a Gustavo Adolfo Bécquer, a Mario Benedetti y a Pablo Neruda.

También a Montesquieu, Rousseau, Voltaire y la Revolución Francesa y las guerras del S. XX que estudié horrorizada… Las pinturas rupestres de Altamira, El Partenón, el Gótico, a Gaudí… Musicalmente me acompañaron Carl Orff, Debussy, Ravel, muchos cantautores y Les Luthiers. Estaba absorta con Dalí y Monet, y en Filosofía, Heráclito, Sócrates, Aristóteles, Kant y Simone de Beauvoir, me ayudaron a comprender que todas las personas pasamos por las mismas preguntas pero encontramos diferentes respuestas. Así se alimentó mi pensamiento crítico, el creativo y sobre todo, la vivencia de los grandes valores universales.
No me imagino un mundo sólo de robots como algunos profetizan. La función principal de esas máquinas es la económica; tener trabajadores que no cobran y sí obedecen. Incapaces de relacionarse y tomar decisiones. Y no dudo que para algunos trabajos, o peligrosos o en los que se requieran pocas habilidades humanas, se irá eliminando a las personas y sustituyéndolas por esas máquinas. Pero lo que necesitamos sobre todo para ser “rentables” es que las siguientes generaciones sean inteligentes emocionalmente; que tengan una buena autoestima, que afronten los fracasos y las decepciones y al mismo tiempo, continúen luchando por sus objetivos y metas.

Chicas y chicos capaces de amar desde el consentimiento, el respeto, el placer, la salud, la libertad y la igualdad, sin poseer ni dominar. Que puedan convivir y trabajar con personas con maneras de vivir y de pensar diferentes desde el diálogo, el respeto y la empatía. Gente que podamos llamar cívica; con valores prosociales como ofrecer ayuda, consolar, compartir y colaborar. Y eso no lo lograrán las máquinas. ¡A penas lo logramos los humanos…!. Así que la tecnología podrá estar presente en nuestra vida, pero no sustituirá a las personas.
Tampoco me imagino un mundo donde las personas pasen por la escuela o la universidad y solo hayan aprendido a ganar dinero, a ser winner or loser, a crear negocios, a tener “éxito” (sobre todo si por éxito entendemos robar impunemente como ciertos políticos o entidades financieras).

Ni me puedo imaginar una generación de chicas y chicos sin sueños, ni utopías, sin compromiso ambiental y social, sin amor a la poesía, a la pintura, a la danza, a la música, al teatro. Y por supuesto, sin conocer y utilizar éticamente las ciencias y las tecnologías.
Ese escenario sería apocalíptico en términos humanos: personas desesperadamente solas, ahogadas en sus emociones y perdidas en sus relaciones, buscando alivio en realidades virtuales, descuidando sus cuerpos y corazones, tal vez bajo el efecto de las drogas o enajenadas en estados orgiásticos. Al borde del suicidio colectivo.
Afortunadamente hoy tenemos las competencias básicas en el curriculum escolar donde se reconoce la importancia del desarrollo emocional y social y se insta a que se trabajen en el aula.

Y en muchos centros escolares de todo el estado se trabajan proyectos y programas como el nuestro, de competencia personal y social denominado genéricamente “Ser persona y Relacionarse” programa evaluado científicamente y que ayuda al alumnado en su crecimiento personal y favorece una mejor convivencia.
Así que la Educación, la Familia y toda la Sociedad, incluidos los poderes públicos tendrán que seguir ofreciendo una educación completa y competente con todas las disciplinas que nos hacen ser una Civilización, para conseguir buenas personas: que sepan relacionarse, pensar, reír, sentir, trabajar, decidir, amar y soñar, o no tendremos futuro. Y por eso para desarrollar la inteligencia emocional, la tolerancia, la empatía y la igualdad, necesitamos a las Humanidades.



