Aquella mañana y tras llevar varios días trabajando “Quiénes somos y cómo nos sentimos”, la maestra de 3º de Primaria propuso a su alumnado que finalizaran la sesión realizando su propio autorretrato. Así cada niña y cada niño de la clase, comenzaron a dibujarse. A unos les costaba empezar porque “no se me da dibujar”; a otros les entraba la inspiración rápidamente y se lanzaban sobre el folio y los crayones a dibujarse… Hubo quien empezó con mucho ánimo y se fue desinflando rápidamente… “no me gusta”, “me salió mal” etc…Y ahí estaba Isora, de 8 años, primero pensando un momento, haciéndose las “Preguntas Mágicas” que la maestra les había enseñado días atrás y que al ser mágicas, ayudan a las criaturas a centrarse y a pensar de forma creativa y fluida. Tras pensar durante un ratito, miró el papel en blanco y cuando ya lo tuvo claro, empezó a dibujarse: una estrella a modo de cuerpo, una cara sonriente, un corazón…colores alegres e intensos y con un trazo muy bien definido y en letras mayúsculas puso: “SER ISORA ES LO MEJOR”.

Saber cómo somos, aceptarnos y saber lo queremos en la vida es parte del desarrollo fundamental del ser humano. La autoestima empieza siendo la estima que nos tienen los demás y eso comienza desde el primer año de vida en casa, pero al llegar a la escuela se vuelve a reestructurar, se extiende a otros aspectos de la vida y de la personalidad. Está influenciada por los mensajes que recibimos de nuestros iguales y de las figuras afectivas de referencia. Es un proceso largo que requiere acompañamiento y estimulación. La autoestima, igual que la gestión de los sentimientos, es uno de los elementos más importantes de la Inteligencia Emocional y, como tal, hay que educarla. Sentirnos bien con nosotras y nosotros mismos; saber qué nos pasa, cómo se llama eso que sentimos… Alegría, tristeza, enfado, miedo.. etc… y tener herramientas para que no nos arrastren, sino ser capaces de gestionarlas adecuadamente. Que nos ayuden a mejorar como personas y a saber relacionarnos mejor.
Los sentimientos afectan profundamente a nuestro bienestar y a la relación que mantenemos con los demás. Tenemos que aprender a convivir y a relacionarnos con los demás y tenemos que activar la empatía en todos sus niveles: el racional, entendiendo a la otra persona; el emocional, sintonizando emocionalmente con ella y el comportamental, actuando como nos gustaría que actuaran con nosotras y nosotros mismos si estuviéramos en el pellejo del otro.
Todos estos procesos se pueden hacer y aprender perfectamente en casa, pero también en la escuela. La Teoría de las Inteligencias Múltiples del Pr. Gardner y el modelo de la Competencia Personal y Social, del Pr. Manuel Segura y su equipo, facilitan el trabajo de la educación de las emociones y sentimientos y de la resolución de conflictos. Los materiales para trabajar las emociones, la autoestima, la empatía y la resolución de conflictos tanto con las familias[i] como con el alumnado de Educación Primaria[ii] y Secundaria[iii] están publicados desde hace años en castellano, portugués y catalán.
Estos materiales enseñan a las niñas, niños, adolescentes y ayudan a las familias en la tarea de educar personas. Lo primero que trabajamos es a pensar antes de actuar poniéndonos en el lugar de la otra persona. Pensar diferentes soluciones ante los problemas de la vida cotidiana y valorar las posibles consecuencias de lo que vamos a decir o hacer, ya sea en casa o en la escuela.

En segundo lugar, les ayudamos a que identifiquen sus emociones y sentimientos y a que sean capaces de manejarlas adecuadamente, facilitando la expresión de las mismas pero sin dañar los sentimientos de los demás. Como consecuencia, trabajamos la autoestima, es decir, sentirnos dignos de amar y de ser amados y con derecho a ser felices.
En tercer lugar, trabajamos la educación en valores prosociales, como compartir, colaborar y ofrecer ayuda, para darle un sentido ético a nuestro comportamiento. Es decir, ser buenas personas y respetar a los demás. Y por último, trabajamos situaciones sociales concretas que tanto en la infancia como en la adolescencia y la vida adulta nos generan tristeza, desesperanza, rabia, estrés, ansiedad o agresividad a través del entrenamiento de habilidades sociales concretas. Es tan importante lo que decimos a los demás como el cómo se lo decimos. Son las formas sociales, la comunicación verbal y no verbal las claves para una buena relación con los demás.

La escuela del siglo XXI tiene que ayudar a las y los futuros ciudadanos a que sean personas emocional y socialmente competentes. Personas que sepan lo que quieren en la vida, con buena autoestima, motivación, perseverancia, ilusión y tolerancia a la frustración. Personas capaces de pedir ayudar y de darla. Adultos con ganas de vivir y afrontar el futuro por muy incierto que sea. Adultos que no se sientan solos, perdidos, desesperanzados… sin recursos personales ni relacionales.
….Acabó la hora de clase y la maestra volvió a pasar por las mesas de cada niña y cada niño mirando y alabando los autorretratos. Isora estaba muy satisfecha con el suyo y contenta por lo que le dijo la maestra al ver su dibujo. Se lo llevó a casa y su madre lo colgó en la puerta de la nevera. Días más tarde, Isora dibujando por iniciativa propia en su casa, le regaló otro dibujo a su madre. Era un cohete espacial que en la cola llevaba una pancarta que decía: “ME GUSTA MI VIDA”.

Tenemos las evidencias científicas psicológicas y educativas de que la inteligencia emocional y la social son enseñables y ya hay escuelas con metodologías muy abiertas e innovadoras que lo están poniendo en práctica por medio mundo. No perdamos esta oportunidad.
Juani Mesa Expósito.Doctora en Psicología Evolutiva y de la Educación
ensenaraconvivir@gmail.com
https://juanimesaexposito.wordpress.com
[i] “ENSEÑAR A LOS HIJOS A CONVIVIR” de Manuel Segura y Juani Mesa. Edt. Desclée
[ii] “RELACIONARNOS BIEN” de Manuel Segura y Margarita Arcas. Edt. Narcea.
[iii] “SER PERSONA Y RELACIONARSE” de Manuel Segura. Edt. Narcea y “EDUCAR LAS EMOCIONES Y LOS SENTIMIENTOS”, de Manuel Segura y Margarita Arcas. Edt. Narcea.