Tener la oportunidad de hablar de amor, relaciones de pareja y sexo con adolescentes me parece un privilegio. El pasado mes fue muy intenso en este sentido y, como siempre, aprendí mucho. Esta vez he descubierto el inmenso poder de influencia que tiene sobre las y los adolescentes los youtubers. Especialmente en el tema afectivo-sexual. Creo que, junto con el grupo de iguales y el Instagram, son los “influenciadores” más importantes para esta nueva generación. Mucho más que cualquier otro elemento de los mass-media: por encima de la televisión, las series y películas, las canciones e incluso que el reguetón.

Los youtubers son adolescentes también, varones en su mayoría que desde su habitación abren la cámara de video al mundo para hablar de sus cosas. Da la sensación de que muchas veces improvisan los temas y comentarios, con un afán sobre todo de vacilar y pasar un rato divertido. Usan un vocabulario con coletillas o gestos identificativos que les da cierta “marca personal ”.

Hablan de sus gustos, de lo que han hecho, la música que escuchan (inventan canciones, algunos con mucha gracia), hablan de lo que dicen otros sobre ellos en las redes y algunos hacen sus reflexiones en torno a cuestiones vitales o experiencias personales más íntimas. El objetivo es llegar a la máxima audiencia (tienen entre 3 y 20 millones de suscripciones) para ser el más popular, el más famoso.
Pero cuando estoy hablando en los talleres con chicos y chicas de carne y hueso observo cómo esos videos están influyendo poquito a poco en el pensamiento, en la manera de hablar, de vestir, de comer (algunos youtubers tienen publicidad fija de galletas y otro tipo de comida basura que no te puedes saltar si quieres ver el video) y sobre todo, en los valores que influirán en sus relaciones personales.
Las preguntas que me hacen en los talleres de educación afectivo-sexual tienen que ver con palabras o prácticas que estos youtubers utilizan o comentan y al menos hasta donde yo he visto, reproducen y exaltan fundamentalmente el modelo heterosexual y coitocéntrico. El afecto, el placer, el cariño o el amor son aspectos que, o no aparecen o si lo hacen, es para ser objeto de mofa. Una pena, pues podrían ayudar a crear como adolescentes influyentes que son, un modelo más responsable, autónomo, alegre, saludable y placentero sobre la experiencia amorosa y sexual, y además de ofrecer contenidos divertidos, podrían tener un valor educativo allá donde los adultos no llegamos.

Mi otra pena es que muchas dudas que tienen los adolescentes de hoy en día son las mismas que las de generaciones anteriores, que no teníamos acceso ni a educación afectivo-sexual, ni a buenos libros, ni a Internet. Los veo abandonados a la buena suerte del “ensayo y error”, del prejuicio, el estereotipo y el miedo. A vivir la sexualidad desde lo clandestino, lo oscuro, lo obligado o el miedo a la presión de grupo y al embarazo no planificado.
Cuando nuestras chicas y chicos están totalmente absortos con sus cascos puestos y viendo videos en su móvil pienso, ¿No tendría que haber habido desde su infancia un adulto que les hubiera hablado de la importancia de respetar su cuerpo, de la ética del consentimiento y el encuentro, de que son las dueñas y los dueños de su biografía amorosa y de placer..? ¿No tendría que haber habido alguien que les ayudara a distinguir entre el vacilón de un video hecho por otros adolescentes y la belleza del encuentro íntimo y respetuoso con otra persona?







