ADOLESCENTES EN EL PLANETA A

Seguramente, quien esté leyendo este artículo hace tiempo que fue adolescente. Es una etapa muy importante de la vida que para muchas personas está presente en su vida adulta. Puede ser porque quedaron asuntos pendientes que no supimos resolver adecuadamente o porque fue allí, en la adolescencia, donde surgieron dificultades, miedos, inseguridades o sueños que no acabaron bien o que siguen pidiendo ser realizados.

WAVES // Le Fanzine Creative © by Gustavo Campos

La adolescencia es la primera gran crisis personal. Una crisis muy intensa en lo emocional, lo corporal, lo social y lo familiar, y que vivimos apenas sin herramientas. Nos invade un fuerte sentimiento de soledad, de no ser aptos o de no encajar, que se puede volver insoportable. A veces es como un callejón sin salida lleno de incomprensión.

Abandonamos la infancia sin darnos cuenta mientras nuestro cuerpo comienza unos cambios muy potentes que nos atrapan por su intensidad y por nuestro desconocimiento, pues incluso aún hoy, como adultos, nos falta mucha educación afectivo-sexual.

Mientras el chute hormonal acampa por nuestro cuerpo, nuestra mente, nuestro yo interior, comienza a ser cada vez más reflexivo, analítico, abierto, creativo, divagante y concluyente… al menos para llenarse de preguntas que parecen no tener respuesta: ¿quién soy yo? ¿Qué es lo que quiero en la vida? ¿Qué se me da bien? ¿Por qué no me entiendo? ¿Por qué no soy “como los demás”? ¿Alguien me querrá alguna vez? ¿Y si no sé qué estudiar? ¿Y si me equivoco en mis decisiones? ¿Esto será una relación tóxica? ¿Por qué no me gusta mi cuerpo? ¿Por qué no encajo en el grupo? ¿Por qué me ha tocado esta familia? Y, así, un largo etcétera.

Por tanto, en la adolescencia comienza un distanciamiento natural del grupo primario, la familia. No es que nuestros hijos e hijas ya no nos quieran, es que se van al planeta A (A de Adolescencia). Un planeta al que los adultos no podemos ir. Es un lugar que a los adolescentes les permite tomar distancia y analizar a los que, hasta hace unos meses, eran sus referentes afectivos (madre, padre o quien hiciera esa función) y mirarlos de otra manera.

Un planeta lleno de personas que están en el mismo momento evolutivo, con un egocentrismo propio de la adolescencia que les hace sentir que son el centro del universo y al mismo tiempo, donde sienten que el resto del universo no los entiende. Buscan allí, en el planeta A, la complicidad de sus grupos de iguales (reales o virtuales) donde desean, a toda costa, encajar. Muchas veces esos grupos comparten, en general, los valores principales que las familias transmiten, pero otras van en contra de nuestros de nuestros valores y estilo de vida como familia. La clave estará en facilitarles que encuentren más de un grupo de amistades para que así la presión de grupo ayude a nuestro adolescente a darse cuenta si es un grupo que le conviene o no.

Paula & Nuria // Le Fanzine Creative © by Gustavo Campos

Desde la mirada distante que les proporciona el planeta A, descubren que los adultos somos más viejos y estamos más cansados que ellas y ellos. Que somos imperfectos, que dudamos, que nos contradecimos unos con otros, que no siempre hacemos lo que decimos. Que no tenemos todo el conocimiento ni todas las respuestas que necesitan; que somos torpes con los nuevos lenguajes y redes sociales; que no manejamos tan bien el inglés, ni mucho menos sus gustos audiovisuales, su música, series, videos, ídolos, influencers, youtubers, etc… Casi somos una decepción. Nos ven pequeñitos, a veces “inservibles”. Y se alejan. Como hicimos la mayoría de nosotros cuando vivimos nuestra adolescencia.

No obstante, también saben que somos inteligentes, sienten nuestra preocupación y cariño. Saben que tenemos mucha más experiencia, que les intentamos dar seguridad y confianza, y abrirles oportunidades para crecer como personas y prosperar. Que buscamos comunicarnos, aunque no nos salga siempre bien. Que tenemos más claro que cualquier adolescente lo que está bien y lo que no está tan bien. Que estamos dispuestos a darles una nueva oportunidad tras cometer un error y, sobre todo, que nuestro amor es (o deber ser) incondicional. Y entonces de repente, vuelven del planeta A y nos buscan para hablar en el momento más inesperado o inoportuno. Vuelven en momentos puntuales y los reconocemos y nos reconocen, y parecen decirnos “ah, sí, eres tú… te quiero”. Entonces, es cuando tenemos que aprovechar esos momentos y dedicarles nuestro tiempo.

Aprovechar entonces para hablarles con asertividad, o lo que es lo mismo, decir o hacer lo que creemos sinceramente que es lo más justo sin faltarles al respeto. Facilitándoles que se expresen (a su ritmo) y que opinen. Tenemos que ayudarles a reflexionar, a ponerse en el lugar del otro, a valorar las consecuencias de lo que se va a hacer o de lo que se quiere decir.

Si tenemos que decir NO, que haya coherencia. Usar el NO con sensatez: seis meses sin móvil es de poca sensatez y muy poco realista. Siempre tendrán más energía vital que nosotros y nos tenemos que dosificar; elegir las “batallas” para alcanzar la paz y la concordia familiar.

Tenemos que buscar momentos de ocio o distendidos, donde poder echarnos unas risas juntos, sin recriminar nada; solamente disfrutando y agradeciendo el ratito, reforzando con una sonrisa, una mirada, un abrazo, un gesto hecho en el momento adecuado.

by Smiling_Vivian

Tenemos que mantenernos en conexión con nuestros adolescentes, que sepan que vamos a estar siempre ahí, disponibles. Que confiamos en que terminarán con éxito esta primera gran crisis personal y continuarán su vida construyendo poco a poco, día a día, la persona que quieren ser.

Desde luego, tendrán sentimientos encontrados y desconcertantes, no sólo hacia sí mismos sino también hacia nosotros. Nos quieren, pero están desencantados. Saben que queremos ayudarlos, pero ya no nos ven como aquellos referentes “perfectos” de la infancia. Saben que tienen que respetarnos, pero muchas veces no se sienten comprendidos y, por ende, respetados.

Habrá que seguir dedicándoles tiempo para poder decirles, como un faro que ilumina en la oscuridad, que estamos aquí, que los queremos, que nuestro amor es in-condicional. Es decir, sin condiciones; que los queremos por la persona que son, no por la que nos gustaría que fueran. Difícil a veces, lo sé, pero cuando alguien se siente valorado y respetado, se relaciona y se comunica mejor.

Aunque no lo crean o no lo sepan, nos necesitan. Por eso no podemos tirar la toalla. Hay que insistir con mucho cariño y con normas claras de acuerdo a su edad y capacidad. El amor no puede ser moneda de cambio. El amor es el amor. Y educar supone estar presentes en su vida, atentos a sus idas y venidas planetarias. Algunos temas serán revisables, negociando y facilitando ampliar límites y permitir más libertad, acompañada de la misma cantidad de responsabilidad.

Sabemos que la adolescencia acaba y, cuando regresen definitivamente del planeta A, los estaremos esperando con los brazos abiertos para continuar acompañándolos por este incierto y apasionante viaje por la vida.

INDÍGNATE Y EMPODÉRATE

Hace unos días, en sesión psicoterapéutica, una mujer inteligente, muy preparada y con responsabilidades de gestión de equipos humanos, me contaba el encontronazo que  tuvo con su jefe.  Este la presionaba para que produjera más, encontrara más clientes, vendiera más productos, comparaba su gestión con otros equipos que “lo hacían mejor “, etc, etc.

La mujer sigue teniendo peores condiciones laborales y económicas que el hombre. También sigue siendo la principal responsable de la gestión familiar.

Ella, que ha trabajado durante todo el confinamiento desde casa, echándole horas  de lunes a viernes por la tarde e incluso algún que otro fin de semana.

Ella, que ha callado negligencias de su empresa, protegido a  su personal defendiendo el trabajo del mismo y dejándose la piel,  tuvo una sensación de injusticia  y rabia oyendo a su jefe.

Ella, que durante mucho tiempo sufrió maltrato psicológico, que pensó que no valía para nada, que dudó de sí misma hasta el punto de no saber quién era ni lo que quería en la vida.

Ella conectó con la indignación y le dijo  a su jefe muy asertivamente, es decir con firmeza, eficacia, seguridad, indignación y valentía lo que tenía que decirle para defender su trabajo y el de su gente.

Acabó tan agotada que tuvo un ataque de ansiedad. Comenzó a sentirse mal, muy débil física y emocionalmente hasta el punto que rompió a llorar.

Sin embargo, al día siguiente volvió a reunirse con su jefe y, con datos objetivos, continúo defendiendo su labor, al punto que éste la felicitó y le ha dado el margen de trabajo que ella y su personal necesitan para reorganizarse, distribuir tareas y alcanzar los nuevos objetivos.

No nos enseñan a a debatir o argumentar adecuadamente. Entrar en conflicto es muy desagradable emocionalmente y por eso hay personas que lo evitan a toda costa, incluso renunciando a sus propios derechos.

Ella me contaba su vivencia desde “lo mal que lo pasó” por el desbordamiento emocional que tuvo. Sin embargo, no se arrepentía ni de lo que había dicho, ni  de cómo lo había dicho porque estaba harta de injustas comparaciones, de no se  valorara el trabajo realizado ni de los buenos resultados obtenidos en otros productos (llegó a un 120% de beneficios).

Como ya he comentado en otro artículo de este blog, la rabia y la indignación son expresiones emocionales que culturalmente nos han sido prohibidas a las mujeres. Cosa que no ha sido así para el miedo o la tristeza, que sí podemos expresar con toda naturalidad (aunque por dichas emociones también se nos haya tratado de débiles, dóciles, sensibleras o incluso peor, sin personalidad).

La rabia o ira es una emoción; es una respuesta emocional básica, intensa y llena de una energía física muy fuerte. También es una respuesta automática, natural y en muchos casos, difícil de expresar adecuadamente. Aparece cuando nos faltan el respeto, cuando nos ofenden, desprecian, insultan, burlan, etc… El interruptor que la activa está en la amígdala, el centro neurálgico emocional. Un centro que está conectado con grandes autopistas que van hacia las zonas “pensantes” del cerebro: las áreas prefrontales dónde están la reflexión, el pensar las consecuencias, etc. La rabia es un chispazo intenso que puede producir un cortocircuito y desconectar temporalmente los lóbulos prefrontales de la amígdala. Esta lleva el control. Por eso con la rabia sólo se reacciona no se piensa.

Las amígdalas, la parte más emocional, están muy en el centro del cerebro. En cambio las áreas "pensantes" (córtex) están en la parte externa, por eso puede haber desconexiones entre una y otra si la amígdala y el sistema límbico toman el control.

La indignación, en cambio, es un sentimiento no una emoción. No es tan intensa, ni tiene tanta energía física, aunque nos moviliza interna y físicamente llevándonos a actuar (hacer o decir). En la indignación, las autopistas entre amígdala y las zonas prefrontales están abiertas y funcionando a pleno rendimiento. La indignación favorece la argumentación bien fundamentada, con lucidez y cierta pasión. Es la lucha consciente para reparar el daño, defendernos  y hacer Justicia.

Esta mujer, en esa discusión con su jefe, conectó con esta emoción poderosa que es la rabia y con su mejor evolución, la indignación. Y salió airosa. No sintió miedo. Sabía lo que decía y por qué lo decía. Se dio a respetar ante la otra persona con inteligencia emocional y le devolvieron, lo mismo: respeto. Ahora está empoderada. Creyó en ella, en su equipo y sabía perfectamente lo que quería decir y tuvo el valor para decirlo.

La asertividad es la capacidad de decir o de hacer lo que creemos que es justo, sin faltarle el respeto a la otra persona ni a nosotras mismas. Genera satisfacción personal y mejora la autoestima.

Claro que se quedó agotada, en un temblor y lloró. Pero no de impotencia, pena, debilidad, inseguridad o miedo, vivencias emocionales que conoce y ha sentido miles de veces. Fue un desahogo ante la tensión que vivió entre sus emociones, sus sentimientos y al mismo tiempo, buscar los argumentos, explicarse adecuadamente, no faltar al respeto, desmontar las acusaciones, etc… Es satisfactoriamente agotador. Y más cuando se estrena  por primera vez  y de una manera tan contundente. Fue un ejercicio de libertad, de autodefensa, de respeto y dignidad. De autoestima.  No hay arrepentimiento por lo dicho. Hay satisfacción y seguridad.

Ella ha comenzado a defenderse sin miedos ni culpas inculcadas socialmente. Ha sabido reconocer y gestionar la ira conectando con su versión más ética, la indignación. Sin tener que pedir permiso. Sin tener que avergonzarse de ser mujer.

Comienza una revolución en su interior que ella, por fin, ha activado porque ha encontrado “ese lugar” que llamamos Dignidad. Ya no volverá a ser la misma. Será una versión mejorada de sí misma. Cuánto me alegro.

Feliz día del trabajo. Y a seguir luchando por la equidad y la justicia social entre mujeres y hombres.

Educación afectivo-sexual ¡YA!

Estamos en febrero de 2019 y ya van asesinadas 9 mujeres (2 en Canarias) por violencia machista. Es decir, cada 4 días matan a una mujer, ¿Cómo es que un hecho tan espantoso no nos estremece y hace que toda la ciudadanía se manifieste para exigir parar esta masacre?
Si en lugar de mujeres fueran delfines varados en la playa ¿no estaría todo el mundo alarmado?¿Es que la vida de una mujer vale menos?

En lo que va de año, cada 4 días han asesinado a una mujer.
En lo que va de año, cada 4 días han asesinado a una mujer.

       La anestesia y pasividad social, así como las nuevas voces en política que desde la mayor de las demagogias quiere eliminar los progresos que se han conseguido y que siguen siendo insuficientes, me preocupan sobre manera. Se está creando una corriente de prejuicios, creencias irracionales y sobre todo mentiras, provocadoras y violentas contra un movimiento pacífico y pacifista de derechos humanos como es el feminismo.
No estoy en contra de los hombres. Estoy en contra del machismo, la barbarie, la injusticia, el miedo, el silencio, la ignorancia, la impunidad.

El feminismo es un movimiento pacífico y pacifista.
El feminismo es un movimiento pacífico y pacifista.

    Recientemente me han llamado para dar una charla de una hora a todo un centro escolar sobre educación afectivo-sexual y me he negado. No sirven. No funcionan. Es muy fácil tergiversar y bromear sobre lo que se dice en un auditorio un día al año, lleno de adolescentes nerviosos, excitados entre risas y vacilones.
Hay que abogar por una educación afectivo-sexual real en la escuela YA. Desde educación Infantil hasta 4º de ESO. Con una ley que la apoye, la pague y la desarrolle. Con profesorado formado y familias implicadas. También hay que exigir a los ayuntamientos formación en educación afectivo-sexual. Se habla de ciudades o islas promotoras de salud y no se incluye ni la salud afectivo-sexual, ni la emocional, ni social… ¿en serio?

    Existen muchísimos programas de educación afectivo-sexual completos y rigurosos desarrollados por profesionales, colectivos docentes e incluso universidades. Existe incluso, una cátedra de Psicología de la Sexualidad en la Universidad de Salamanca, por tanto hay conocimiento, materiales y profesionales capaces de asesorar, formar y de implementar una buena formación afectivo-sexual entonces, ¿Qué miedo hay?

Hay que abogar por una educación afectivo-sexual desde Infantil hasta 4º de ESO como mínimo.
Hay que abogar por una educación afectivo-sexual desde Infantil hasta 4º de ESO como mínimo.

      Nadie quiere que una hija 16 años sea maltratada, ni violada, ni que tenga miedo de salir a la calle o a que un antiguo novio la amenace o persiga… pero está pasando. Nadie quiere que su hijo sea un maltratador, o que acabe denunciado. Pero está pasando. Nadie quiere que una alumna de 12 años, en 6º de Primaria diga que si no tiene dinero para ir al cine está dispuesta a “vender su cuerpo”. Pero a mí me lo han dicho en clase.

Según los datos del Institutito Nacional de Estadística, uno de los mayores aumentos del número de víctimas de violencia de género se está dando entre las menores de 18 años (10,6%). Y entre los 14 y 17 años han aumentado las agresiones machistas en un 682%.

    Nadie quiere que nuestras chicas y chicos mantengan relaciones dolorosas, pero las tienen. Desde lo prohibido, el desconocimiento y el miedo. También desde el deseo natural a querer explorar su cuerpo y sus sentimientos y siempre, siempre, desde la influencia de los youtubers, los iguales, el deseo de ser aceptado, el miedo a perderse algo que “toca” y también, desde la soledad. Los padres son los últimos en enterarse en muchos casos.

Queremos que nuestras chicas y chicos sean la mejor versión de nosotras y nosotros mismos como sociedad: maduros, responsables, alegres, preparados, inteligentes social y emocionalmente, capaces de construir una vida afectiva y sexual desde el cuidado, el placer, la libertad, la alegría y el respeto. Y no vamos en esa dirección. Vamos hacia el dolor, el trauma, el miedo, la venganza, el odio, la cosificación del otro ¿A qué esperamos para cambiar las cosas?

Luchar por una sociedad libre de violencia contra las mujeres es un imperativo ético si queremos seguir considerándonos Humanidad.
Luchar por una sociedad libre de violencia contra las mujeres es un imperativo ético si queremos seguir considerándonos Humanidad.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Las emociones son reales, naturales y legítimas

Mencionar el término Inteligencia Emocional hace que la gente en muchos casos, suponga que estamos hablando de la alegría, de la felicidad, de ser positivos, etc… Nada más lejos de la realidad. Hay que incluir también a las emociones, sentimientos y estados de ánimo que denominamos desagradables como el disgusto, la tristeza, la pena, la frustración, el miedo, la culpa, la soledad, la vergüenza, la apatía, el desamor, la desilusión, la envida, los celos o el odio, por nombrar algunos.

Decimos que una persona es inteligente emocionalmente cuando es consciente de toda su vida emocional: le pone nombre a lo que siente, comprende por qué lo siente y es capaz de gestionarlo y salir adelante creciendo en el proceso.

Todas las emociones son reales, no las inventamos; son naturales, pues venimos preparados como especie para responder a los acontecimientos de la vida con una respuesta emocional adecuada, y son legítimas; es decir, tenemos derecho a sentirlas, a expresarlas y a aprender a gestionarlas.

Dra. Juani Mesa Expósito

Sin embargo, esta educación sexista  en la que estamos inmersas nos impide expresar toda la paleta emocional tanto a las mujeres como a los hombres. A las mujeres, nos ha prohibido expresar la ira, a pesar de que es la emoción básica para defender nuestra dignidad. No se trata de ser agresiva o violenta. Se trata de usar la energía que  nos da el enfado para decir BASTA: para defender nuestros derechos, sentimientos, creencia, ideas  y marcar límites. Es lo que mi querida madre llamaba  darse a respetar.

La realidad es que muchas mujeres inhiben el enfado  y acaban sumisas, esperando evitar así el conflicto, o ser aceptadas por consentir en ser como los demás esperan de ellas. El precio de esta renuncia a defender la dignidad es la destrucción de la autoestima, la dependencia emocional, la tendencia a establecer relaciones de dominio-sumisión y desgraciadamente, a acabar como víctimas de maltrato.

Dra. Juani Mesa Expósito

Desafortunadamente, a los hombres tampoco les ha ido mucho mejor. A ellos se les ha prohibido la tristeza: “los hombres no lloran”, y el miedo: “los hombres no son cobardes”. Tienen prohibido llorar, ¿Hay alguien a quien esto le parezca sano, inteligente emocionalmente u honroso? Desde mi punto de vista, lo que subyace ante la represión de la tristeza y el miedo en un varón es homofobia. Es decir, la creencia errónea de que si un varón muestra sensibilidad o debilidad ( no son sinónimas), es que no es lo suficientemente hombre, ¿Alguien me quiere explicar qué tiene que ver la inteligencia emocional con la identidad sexual, la orientación sexual o el desempeño al hacer el amor?

Cuando mujeres y hombres creemos que no tenemos derecho a sentir lo que sentimos o  como me dijo un caso una vez “metí mis sentimientos en una caja y los enterré en el fondo de mi corazón”, sufrimos terriblemente. Tratamos  de disimular lo que sentimos por miedo a que nos hieran aún más, a que se burlen, a que nos vean como frágiles o por no perder poder o posición.

Este dolor emocional reprimido buscará otro camino para expresar que no puede más: nuestro  cuerpo. Son las llamadas enfermedades psicosomáticas (el dolor de la psique se expresará en nuestro soma, que es cuerpo en griego). Se calcula que aproximadamente el 80% de las enfermedades que padecemos a lo lago de la vida tienen un origen psicosomático. Sólo un 20% serán por contagio (como la gripe estacional) o por accidentes (caerse y romperse la cadera, por ejemplo).

¿Cuándo daremos a nuestras niñas y niños una verdadera educación emocional  y afectivo-sexual igualitaria y estable para que sean mujeres y varones sanos, capaces de afrontar la vida sin enfermar ni agredirse?.

Dra. Juani Mesa Expósito

 

 

 

 

INTELIGENCIA EMOCIONAL Y LAS HUMANIDADES

Los mejores recuerdos de mi bachillerato, intelectualmente hablando, están relacionados con el disfrute que sentí estudiando Literatura, Historia del Mundo y Contemporánea, Historia del Arte, Música y desde luego, Filosofía. Estas asignaturas englobadas bajo el término Humanidades y que ahora quieren eliminar del curriculum, me abrieron el apetito por saber  y pensar más. Encontrarle un sentido ético y estético a lo que me rodeaba y a buscarle sentido a mi vida. Dar una respuesta a esa gran pregunta de la adolescencia y de la vida; quién soy y qué quiero hacer con mi vida.

Las Humanidades me ayudaron a expresar y comprender los sentimientos recién estrenados en mi adolescencia: la atracción y el placer, el amor y el desamor, la ilusión y la desilusión, la soledad y la compañía, la alegría y la tristeza, el miedo y la rabia, la pasión y el sin sentido, la utopía y la revolución y, cómo no, el compromiso social.

También fueron el salvavidas que me ayudaron a tirar de mí misma, pues ya sabemos que en la adolescencia nos mudamos al Planeta A (=Adolescencia) donde no hay adultos, pero sí pueden llegar sus legados… Yo me llevé a la Generación del 98, a mí querida Gloria Fuertes, a Gustavo Adolfo Bécquer, a Mario Benedetti y a Pablo Neruda.

En la adolescencia nos mudamos al Planeta A (=Adolescencia) donde no hay adultos, pero sí pueden llegar sus legados…
En la adolescencia nos mudamos al Planeta A (=Adolescencia) donde no hay adultos, pero sí pueden llegar sus legados…

También a Montesquieu, Rousseau, Voltaire y la Revolución Francesa y las guerras del S. XX  que estudié horrorizada… Las pinturas rupestres de Altamira, El Partenón, el Gótico, a Gaudí… Musicalmente me acompañaron Carl Orff, Debussy, Ravel, muchos cantautores y Les Luthiers. Estaba absorta con Dalí y Monet, y en Filosofía, Heráclito, Sócrates, Aristóteles, Kant y Simone de Beauvoir, me ayudaron a comprender que todas las personas pasamos por las mismas preguntas pero encontramos diferentes respuestas. Así se alimentó mi  pensamiento crítico, el creativo y sobre todo, la vivencia de los grandes valores universales.

No me imagino un mundo sólo de robots como algunos profetizan. La función principal de esas máquinas es la económica; tener trabajadores que no cobran y sí obedecen. Incapaces de relacionarse y tomar decisiones. Y no dudo que para algunos trabajos, o peligrosos o en los que se requieran pocas habilidades humanas, se irá eliminando a las personas y sustituyéndolas por esas máquinas. Pero lo que necesitamos sobre todo para ser “rentables” es que las siguientes generaciones sean inteligentes emocionalmente; que tengan una buena autoestima, que afronten los fracasos y las decepciones y al mismo tiempo, continúen luchando por sus objetivos y metas.

¿Humanos o robots? Lo que necesitamos sobre todo es que las siguientes generaciones sean inteligentes emocionalmente.
¿Humanos o robots? Lo que necesitamos sobre todo es que las siguientes generaciones sean inteligentes emocionalmente y con valores éticos.

Chicas y chicos capaces de amar desde el consentimiento, el respeto, el placer, la salud, la libertad y la igualdad, sin poseer ni dominar. Que puedan convivir y trabajar con personas con maneras de vivir y de pensar diferentes desde el diálogo, el respeto y la empatía. Gente que podamos llamar cívica; con valores prosociales como ofrecer ayuda, consolar, compartir y colaborar. Y eso no lo lograrán las máquinas. ¡A penas lo logramos los humanos…!. Así que la tecnología podrá estar presente en nuestra vida, pero no sustituirá a las personas.

Tampoco me imagino un mundo donde las personas pasen por la escuela o la universidad y solo hayan aprendido a ganar dinero, a ser winner or loser, a crear negocios, a tener “éxito” (sobre todo si por éxito entendemos robar impunemente como ciertos políticos o entidades financieras).

No me imagino un mundo donde las personas pasen por la escuela o la universidad y solo hayan aprendido a ganar dinero, a ser winner or loser.
No me imagino un mundo donde las personas pasen por la escuela o la universidad y solo hayan aprendido a ganar dinero, a ser winner or loser.

Ni me puedo imaginar una generación de chicas y chicos sin sueños, ni utopías, sin compromiso ambiental y social, sin amor a la poesía, a la pintura, a la danza, a la música, al teatro. Y por supuesto, sin conocer y utilizar éticamente las ciencias y las tecnologías.

Ese escenario sería apocalíptico en términos humanos: personas desesperadamente solas, ahogadas en sus emociones y perdidas en sus relaciones, buscando alivio en realidades virtuales, descuidando sus cuerpos y corazones, tal vez bajo el efecto de las drogas o enajenadas en estados orgiásticos. Al borde del suicidio colectivo.

Afortunadamente hoy tenemos las competencias básicas en el curriculum escolar donde se reconoce la importancia del desarrollo emocional y social y se insta a que se trabajen en el aula.

Manuales del programa de competencia personal y social de Manuel Segura, Juani Mesa y Margarita Arcas.
Manuales del programa de competencia personal y social de Manuel Segura, Juani Mesa y Margarita Arcas.

Y en muchos centros escolares de todo el estado se trabajan proyectos y programas como el nuestro, de competencia personal y social  denominado genéricamente “Ser persona y Relacionarse” programa evaluado científicamente y que  ayuda al alumnado en su crecimiento personal y favorece una mejor convivencia.

Así que la Educación, la Familia y toda la Sociedad, incluidos los poderes públicos tendrán que seguir ofreciendo una educación completa y competente con todas las disciplinas que nos hacen ser una Civilización, para conseguir buenas personas: que sepan relacionarse, pensar, reír, sentir, trabajar, decidir, amar y soñar, o no tendremos futuro. Y por eso para desarrollar la inteligencia emocional, la tolerancia, la empatía y la igualdad,  necesitamos a las Humanidades.

 

 

 

 

Gracias Xavier Melgarejo

Portada del libro Gracias, Finlandia de Xavier Melgarejo
Portada del libro Gracias, Finlandia del Dr. Xavier Melgarejo

         Hoy quiero recordar a un colega de profesión que ha fallecido recientemente y al que le tenía aprecio, agradecimiento y admiración. Algunos de Uds lo habrán leído, pues Xavier Melgarejo era el mayor experto y divulgador en toda España del sistema educativo finlandés y un estudioso, desde la teoría y la práctica, de nuestro sistema educativo. Autor del libro “Gracias, Finlandia” del que ya hay nueve ediciones, Xavier era Psicólogo Educativo, Doctor en Pedagogía, experto en dirección de centros escolares y fue durante más de treinta años el Orientador del Colegio Claret de Barcelona, del que también fue su director durante casi diez años.

         Xavier Melgarejo conocía a cada alumno y cada alumna y era capaz de ver lo positivo que tenían y hacérselo ver a sus familias. Siempre estaba dispuesto a hacerme un hueco en su agenda y desde que conoció nuestro programa de Competencia Personal y Social, creado por el Dr. Manuel Segura, fue un entusiasta del mismo y lo aplicó en las aulas de su centro hasta casi el último año de su vida. Me ayudó mucho en mi tesis doctoral y me abrió las puertas de su centro y de sus aulas y tuve la oportunidad de aplicar nuestro programa Ser Persona y Relacionarse (M. Segura, Edt. Narcea) con su alumnado de la ESO y de investigar los efectos que producía en la convivencia cotidiana de las aulas, en la resolución de conflictos y cómo mejoraba el clima del centro y el rendimiento escolar.

Xavier Melgarejo, Psicólogo Educativo y Doctor en Pedagogía
Xavier Melgarejo, Psicólogo Educativo y Doctor en Pedagogía

 

           Fue varias veces a Finlandia e investigó con pasión  y sin ayuda económica de nadie, tal y como suele ocurrir en este país donde apenas se reconoce y apoya la investigación, menos aún la investigación en las ciencias sociales.

Entrega de la Medalla de Caballero de la Rosa Blanca al Dr. Xavier Melgarejo por parte el embajador de Finlandia en España en reconocimiento a su trabajo y conocimiento sobre el modelo educativo finlandés.
Entrega de la Medalla de Caballero de la Rosa Blanca al Dr. Xavier Melgarejo por parte el embajador de Finlandia en España, Roberto Tanzi-Albi, en reconocimiento  a su profundo conocimiento  y difusión del modelo educativo finlandés.

        Aún así, la clase política lo invitó a ir al Congreso de los Diputados a explicar las mejoras que se podían introducir en el sistema educativo español. Lo tuvieron casi un día entero esperando para darle brevemente la palabra en la Comisión de Educación y al final decirle “muy interesante lo que propone, y creemos que sería lo mejor para la Educación. Pero claro, comprenda que somos de partidos diferentes y no nos vamos a poner de acuerdo”. No tiró la toalla y siguió dando conferencias y divulgando su propuesta.

El Dr. Xavier Melgarejo con su alumnado del Colegio Claret (Barcelona).
El Dr. Xavier Melgarejo con algunos de sus estudiantes del Colegio Claret (Barcelona).

Y un día apareció en su cuerpo un cáncer terrible con el que luchó durante cinco años. Me emocionó su valor para afrontarlo, conocerlo y mirarlo de frente junto con su familia. En los momentos en los que estuvo bien, volvió a las aulas para contarle a su alumnado lo que le estaba pasando. Me contó que hablar con estos adolescentes  fue de las experiencias más interesantes educativamente hablando de su vida. Descubrió que entre su alumnado había chicas y chicos que también tenían a sus padres enfermos, pero  estos no se atrevían a hablar con sus hijas e hijos de sus respectivas enfermedades. Su alumnado le contó que se  sentían solos y sin saber qué hacer o decir. El, les contó su experiencia con sus hijos y les animó a hablar con sus padres. A llorar juntos. A abrazarse y seguir juntos, mientras durara.

Transformar la adversidad del Dr. Xavier Melgarejo.
Transformar la adversidad del Dr. Xavier Melgarejo.

Pero no le bastó con sus clases y decidió explicar su vivencia del cáncer en otro libro que acabó unos días antes de fallecer, “Transformar la Adversidad” (Edt. Plataforma Educativa).

Xavier Melgarejo luchó hasta el final, fue amoroso con todos los que nos interesábamos por él, estuviéramos cerca o en la ultramar. Se convirtió en mejor psicólogo, mejor docente y mejor padre a través de su enfermedad. Su familia está muy orgullosa de él y de cómo decidió vivir y convivir hasta el final, especialmente con sus dos hijos pequeños que han participado de todo el proceso con naturalidad, viviendo todas las emociones y disfrutando de su padre hasta el último momento. Qué fuertes y sorprendentes son los niños si los dejamos participar de la vida y la muerte.

Ha dejado un legado intelectual, científico, educativo y emocional inestimable. Para mí es un héroe y un referente. Ojalá repercuta en la Educación y tengamos unas futuras generaciones mejor preparadas para la vida, tal y como él nos enseñó que es posible a través del ejemplo de Finlandia. Gracias, Xavier.

Entrega póstuma de la Cruz de S. Jordi a la familia del  Dr. Melgarejo
Entrega póstuma de la Cruz de S. Jordi a la familia del Dr. Melgarejo por parte del President de la Generalitat de Catalunya, Carles Puigdemont.

 

INGREDIENTES DEL BUEN AMOR

Ahora que ya estamos en modo vida cotidiana, retomamos nuestros encuentros con la palabra escrita y hoy nos centraremos en las características que definen a los buenos amores. Sea el tipo de amor que sea; hacia uno mismo, hacia nuestros padres, hacia las amistades, hacia los hijos e hijas, hacia la pareja… Si duele, es mal amor. No es amor verdadero por muy intenso que lo sintamos. Es dependencia y no nos hará felices.

Erich Fromm, uno de los grandes psicólogos del s. XX en su sencillo y profundo libro “El arte de amar” ya nos dejó las principales pistas para saber si somos mal o bien queridos. Posteriormente, nuestro propio trabajo educativo y terapéutico nos ha ido dando nuevos elementos acordes a la evolución de las relaciones interpersonales de nuestra centuria. Ya sea en la autoestima, el amor materno-filial, el amor fraterno (hacia hermanos y amistades) o el amor de pareja, todos los afectos tienen que entrar dentro de lo que llamamos  ética relacional.

Amar es cuidar a la otra persona y cuidarme a mí misma. Tener en cuenta cómo es la otra persona y buscar y procurar su bienestar y el mío. No se puede entender por cuidado la entrega absoluta hacia el otro y al mismo tiempo el abandono absoluto del yo.

Amar es reconocer la dignidad y ejercitar la libertad propia y ajena. Es el consentimiento: cualquier relación afectiva se ha de construir a partir de la conformidad, libremente decidida. No podemos imponer a nadie que nos ame, como no podemos obligar a nadie a que sea nuestra amiga. El buen amor respeta y acepta.

Amar es comunicación, es decir, poner en común con la otra persona sueños, ideas, propuestas, opiniones, experiencias, sentimientos etc…, con la palabra, los gestos, la sonrisa y la mirada. Comunicar requiere sentirnos escuchados y valorados y escuchar exige presencia física. No basta con una llamada de teléfono y mucho menos con un guasap por muy largo que sea. Se pierden los matices, los indicadores de la empatía, el doble sentido, la broma auténtica, la sinceridad de nuestro estado de ánimo etc… Y se gana en malos entendidos, en quedarte enganchada porque ves que está “en línea” y  que empieza a escribir pero borra…, y miras  una y otra vez esperando una respuesta que no llega. Tampoco permite la réplica elaborada pues simplifica el mensaje con unos machanguitos que aspiran simplonamente a transmitir la inmensidad de la afectividad humana. Ya hay parejas que se pelean, se reconcilian y se dejan por este medio. Qué pobreza.

Amar es igualdad entre dos personas: los mismos derechos y deberes, tratándose con justicia y equidad. Es también  empatía; decir o hacer a la otra persona lo que me gustaría que me dijeran o me hicieran a mí. Y para la empatía hace falta escuchar, conocer,  y comprender al otro, es decir, tener tiempo y paciencia. Las relaciones sólidas se construyen con los años, no con muchos  “me gusta” de cualquier red social.

Amar es dar y recibir bienestar (y si es una relación de pareja, placer). Un bienestar compartido, recíproco, querido y consentido. Amar nos produce satisfacción, alegría, plenitud.

Receta de la felicidad del filósofo E. Kant. http:juanimesaexposito.wordpress.com
Receta de la felicidad del filósofo E. Kant

Y por último, amar es asumir un compromiso con uno mismo y con la otra persona. La responsabilidad de comprometernos incluye  nuestra honestidad, respeto y lealtad. No es ético aceptar un compromiso para luego vivir en la doble moral. Amar es elegir y eso supone renunciar.

Así que para amar  bien  hay que aprender a hacerlo y sólo desde una verdadera educación afectivo-sexual, empezando desde la infancia, lo conseguiremos.

Feliz entrada en el 2017

Me quedo con todo lo vivido en este casi finiquitado 2016. Lo bueno, lo regular, lo malo… todo me ha servido. Todo me ha ayudado. De todo he aprendido y disfrutado.

Agradezco a todas las personas que han pasado por mi consulta y que han confiado en mí para tratar de estar mejor consigo mismas,   con sus parejas, con sus ex-parejas, con sus familias, con su alumnado… Es impresionante todo lo que me aportan y me enseñan sobre el misterio del ser humano. Es infinito.

Agradezco el conocer a nuevas personas, nuevos proyectos, desarrollar nuevas aficiones.

Agradezco el sentirme querida y cuidada. Agradezco poder querer, educar y cuidar a otras personas.

felicitacion-2016

Agradezco a mi cuerpo por sostenerme y aguantarme. Agradezco su salud y observo de forma  curiosa, su avance  lento e irreversible hacia la oxidación. Me observo como si fuera una científica de la vida, cada mañana, cuando me miro en el espejo. Envejecer hace pensar mucho; en el sentido de la vida y en su inevitable compañera, la muerte.

Agradezco el estar viva, sentirme viva y acompañada.

Les deseo lo mismo que quiero para mí y los míos. Pero también seamos generosos y compartamos lo que tenemos y lo que somos para ayudar a que este mundo sea un lugar donde vivir con alegría, dignidad y libertad… al menos hasta donde nos llegue la mirada.

 

Felices Fiestas 2016

Cada año llegamos a esta época navideña con ganas de compartir amistades, regalos y comidas. Pero no siempre es fácil. La Navidad refleja y hace aflorar la realidad de las relaciones que tenemos a lo largo de año. Con algunas personas ya no nos vemos, con otras nos hemos enfadado, con otras sólo hay compromisos sociales (aparentar la ”happy family”) y otras personas ya no están en este planeta y llevamos una pena dentro, difícil de disimular. Cuando hay peques en la familia se lleva mejor porque nos ayuda a sacar nuestra niña o niño interior y es fácil, incluso natural, ponernos alegres, ilusionarnos con los juguetes y cantar villancicos… Es la magia de creer que lo imposible es posible y que todo se puede conseguir: llenarnos de buenos deseos para propios y extraños. Eso me gusta de la Navidad.

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En cambio, no me gusta el consumismo compulsivo, ni la hipocresía (por muy refinada que sea), ni el forzar encuentros con ciertas personas que ni nos van ni nos vienen, ni el gasto innecesario de luces navideñas.

Tratemos de vivir unas buenas fiestas no “porque toca” sino de verdad, de corazón, auténticas; con las personas que queremos. Juguemos con los críos que tengamos a nuestro alrededor, es el mejor regalo. Pensemos y compartamos qué le agradecemos a este 2016 que está a punto de terminar; qué ha tenido de divertido, de aprendizaje, de doloroso, qué nos ha aportado ahora que ya se acaba…Y minimicemos la falsedad, el qué dirán, el comprar por comprar, las prisas, los atascos, las malas formas, la masificación…

Ahórrense el felicitarme con un “enviar a todos” por guasap o email, no me dice nada. No los abro. No los contesto. Aunque se envíe con buena intención lo que siento es soledad. Las redes están muy bien para conectar, para conocer pero no para desarrollar las relaciones personales. La paradoja es que la gente recibe doscientos guasaps, cien me gustas y tiene mil amistades en  feisbuc y está cada vez más sola.

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Ya escribí mis postales navideñas de puño y letra, dirigidas a cada persona que quiero, dedicándole un momento real de mi vida, en la que le hablo de mí y de mis deseos de verdad para ella. Muy pocas personas las escriben hoy en día pero yo las que recibo las guardo como un tesoro. Me gusta abrir la carta, sorprenderme con lo que me escriben, reconocer su letra… Antes podíamos identificar la letra de cualquier persona  y ahora  si te descuidas ya desconocemos hasta la de nuestra pareja.

Soy una nostálgica de las relaciones de carne y hueso en cualquier época del año. Y me encanta. No renuncio a la calidad por la cantidad. No quiero dejar de mirar a los ojos y de abrazar…. ¿Y ustedes?