INGREDIENTES DEL BUEN AMOR

Ahora que ya estamos en modo vida cotidiana, retomamos nuestros encuentros con la palabra escrita y hoy nos centraremos en las características que definen a los buenos amores. Sea el tipo de amor que sea; hacia uno mismo, hacia nuestros padres, hacia las amistades, hacia los hijos e hijas, hacia la pareja… Si duele, es mal amor. No es amor verdadero por muy intenso que lo sintamos. Es dependencia y no nos hará felices.

Erich Fromm, uno de los grandes psicólogos del s. XX en su sencillo y profundo libro “El arte de amar” ya nos dejó las principales pistas para saber si somos mal o bien queridos. Posteriormente, nuestro propio trabajo educativo y terapéutico nos ha ido dando nuevos elementos acordes a la evolución de las relaciones interpersonales de nuestra centuria. Ya sea en la autoestima, el amor materno-filial, el amor fraterno (hacia hermanos y amistades) o el amor de pareja, todos los afectos tienen que entrar dentro de lo que llamamos  ética relacional.

Amar es cuidar a la otra persona y cuidarme a mí misma. Tener en cuenta cómo es la otra persona y buscar y procurar su bienestar y el mío. No se puede entender por cuidado la entrega absoluta hacia el otro y al mismo tiempo el abandono absoluto del yo.

Amar es reconocer la dignidad y ejercitar la libertad propia y ajena. Es el consentimiento: cualquier relación afectiva se ha de construir a partir de la conformidad, libremente decidida. No podemos imponer a nadie que nos ame, como no podemos obligar a nadie a que sea nuestra amiga. El buen amor respeta y acepta.

Amar es comunicación, es decir, poner en común con la otra persona sueños, ideas, propuestas, opiniones, experiencias, sentimientos etc…, con la palabra, los gestos, la sonrisa y la mirada. Comunicar requiere sentirnos escuchados y valorados y escuchar exige presencia física. No basta con una llamada de teléfono y mucho menos con un guasap por muy largo que sea. Se pierden los matices, los indicadores de la empatía, el doble sentido, la broma auténtica, la sinceridad de nuestro estado de ánimo etc… Y se gana en malos entendidos, en quedarte enganchada porque ves que está “en línea” y  que empieza a escribir pero borra…, y miras  una y otra vez esperando una respuesta que no llega. Tampoco permite la réplica elaborada pues simplifica el mensaje con unos machanguitos que aspiran simplonamente a transmitir la inmensidad de la afectividad humana. Ya hay parejas que se pelean, se reconcilian y se dejan por este medio. Qué pobreza.

Amar es igualdad entre dos personas: los mismos derechos y deberes, tratándose con justicia y equidad. Es también  empatía; decir o hacer a la otra persona lo que me gustaría que me dijeran o me hicieran a mí. Y para la empatía hace falta escuchar, conocer,  y comprender al otro, es decir, tener tiempo y paciencia. Las relaciones sólidas se construyen con los años, no con muchos  “me gusta” de cualquier red social.

Amar es dar y recibir bienestar (y si es una relación de pareja, placer). Un bienestar compartido, recíproco, querido y consentido. Amar nos produce satisfacción, alegría, plenitud.

Receta de la felicidad del filósofo E. Kant. http:juanimesaexposito.wordpress.com
Receta de la felicidad del filósofo E. Kant

Y por último, amar es asumir un compromiso con uno mismo y con la otra persona. La responsabilidad de comprometernos incluye  nuestra honestidad, respeto y lealtad. No es ético aceptar un compromiso para luego vivir en la doble moral. Amar es elegir y eso supone renunciar.

Así que para amar  bien  hay que aprender a hacerlo y sólo desde una verdadera educación afectivo-sexual, empezando desde la infancia, lo conseguiremos.

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